Los avestruces no esconden la cabeza (parte I)

Originally posted at: http://www.mindingminds.org/opinion/los-avestruces-esconden-la-cabeza/

“Cuando un avestruz se encuentra en peligro porque un depredador lo está amenazando, éste esconde la cabeza bajo tierra como mecanismo primitivo de defensa, ya que el ave cree que si él no ve al depredador, el depredador no lo ve a él.”Esto no es más que una afirmación falsa. Lo cierto es que, en una situación de peligro, el avestruz baja la cabeza a nivel del suelo para menguar su altura, pero jamás la entierra para auto-engañarse.

Este año estoy empezando muchos proyectos y continuando otros tantos. Esto me ha hecho cambiar. He dejado de afrontar las situaciones a medida que iban apareciendo y, ahora, soy cada vez más capaz de prever lo que sucederá y poder planificar mis tareas al largo del día. En el mundo emprendedor las to-do list (las listas de cosas-para-hacer de toda la vida) se usan mucho, y lo cierto es que son extremadamente productivas. Decidiendo implementar este recurso en mi manera de funcionar, uno de los puntos que establecí fue el de ver un vídeo aleatorio de la plataforma TED cada día (hábito recomendable). Hace tres días vi una conferencia completamente conmovedora: How autism freed me to be myself de Rosie King (podéis ver el vídeo dando clic encima del título o aquí); que posteriormente decidí convertir en el esqueleto de mi entrada de esta semana (la de Lang Lang fue un extra…).

La semana pasada hablé de sinestesia, de música, de arte, pero -y sobretodo- también de mi opinión al respecto de la evolución del proceso de aprendizaje del hombre del siglo XXI. Expuse lo más brevemente que pude (soy consciente que tengo que entrenar mi capacidad de síntesis) como hemos ido olvidando el punto de partida común del conocimiento humano a medida que este ha ido creciendo. Y este fenómeno, en mi opinión, no afecta solamente al mundo académico, sino que representa una actitud vital en la que el ser humano cada vez se transforma en un ente más auto-suficientemente aislado y, consiguientemente, también adquiere unadiscapacidad progresiva para asociar conceptos provenientes de distintas fuentes, ya que cada vez uno está más acostumbrado a actuar según su propia filosofía sin tener en cuenta las demás 8000 millones de filosofías que, aún que no lo parezca, conviven y existen.

Así pues, la fría ultra-clasificación que rige el funcionamiento de nuestra sociedad es absolutamente nociva (insisto, bajo mi punto de vista). Porque como dije en mi anterior post esta ultra-clasificación no está calculada ni estudiada. No hay un objetivo al que deseemos llegar, esta constante división no es un medio más o menos cruel para llegar a un fin de felicidad, de sabiduría o de nada que nos genere satisfacción y nos justifique el proceso; esta necesidad de clasificar tiene un origen compulsivo y potenciado desde la edad en que nuestro cerebro se puede manipular.

El fractal de la manipulación

De todos modos, lo que vengo a comentar esta semana es solo el principio, el primer engranaje de nuestro sistema que falla considerablemente. Como he dicho, se nos está acentuando la necesidad de clasificar todo lo que nos rodea. Pero no solo eso. Nos vemos influenciados por miles de estímulos exteriores a desear y luchar para poder ser el modelo de una de las clases grupos sociales que nuestra mente crea. Se nos hace aprender miles de conceptos, millones de fechas, nombres y fórmulas. Cuando una persona es capaz de recordar un número considerable de conceptos, entonces se le otorga el privilegio de la condición de “persona de éxito”. Sin embargo, ¿quién se preocupa de enseñar cómo aprender? ¿De qué nos sirve absorber conocimiento de una manera lineal si no somos capaces de captar el pensamiento crítico, la esencia de lo que estudiamos? Lo que más me preocupa es el estado de retroalimentación masiva en el que el actual sistema educativo se encuentra. Han habido numerosas reivindicaciones al respecto, pero ninguna ha dado los frutos que se necesita para realmente innovar.

¿Quién se preocupa de enseñar cómo aprender? ¿De qué sirve absorber conocimiento sin contemplar el pensamiento crítico implícito?

Prejuicios. Desde pequeños se nos ha enseñado que, como buenos ciudadanos, debemos respetar, debemos tener modales y educación, y no debemos prejuzgar a nadie ni a nada. Esta máxima se repite varias veces a lo largo del proceso educativo actual… Pero, ¿no es el sistema educativo en si un gran prejuicio, una gran competición donde se premia la obediencia y no el talento? No solo se premia, sino que se potencia sobremanera. Ante una educación que genera incongruencias y por consiguiente inseguridades desde la inmersión del niño o la niña en el sistema, ¿cómo actuamos?

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