Los avestruces no esconden la cabeza (parte II)

Originally posted at: http://www.mindingminds.org/opinion/los-avestruces-esconden-la-cabeza-parte-ii/

When I heard the learn’d astronomer;
When the proofs, the figures, were ranged in columns before me;
When I was shown the charts and the diagrams, to add, divide, and measure them;
When I, sitting, heard the astronomer, where he lectured with much applause in the lecture-room, How soon, unaccountable, I became tired and sick; Till rising and gliding out, I wander’d off by myself,
In the mystical moist night-air, and from time to time, Look’d up in perfect silence at the stars.

Walt Whitman

Cuando oí al docto astrónomo,
Cuando me presentaron en columnas las pruebas, los guarismos, Cuando me señalaron los mapas y los diagramas, para medir, para dividir y sumar,
Cuando desde mi asiento oí al docto astrónomo que disertaba con mucho aplauso en la cátedra,
Qué pronto me sentí inexplicablemente aturdido y hastiado,
Hasta que escurriéndome afuera me alejé solo
En el húmedo místico aire de la noche, y, de vez en cuando,
Miraba, en perfecto silencio, las estrellas.

Tres semanas sin publicar nada… Tres semanas llenas de exámenes, conferencias, reuniones, proyectos… Tres semanas de dormir 4 horas para coger 3 trenes para trabajar 14 horas para trabajar 3 horas -en casa y como extra- para dormir 4 horas… Y así hasta que uno se jubila y puede hacer de canguro de sus nietos mientras su hijo duerme 4 horas para coger 3 trenes etc. Pero bueno, si uno quiere conseguir títulos es el precio que debe pagar… Porque claro está, más mérito tiene el que más diplomas tiene colgados en su despacho que no el que más sabiduría (que no conocimiento) tiene en su cabeza… Esta idea no es mía, de hecho habita en una parte del cerebro de todo ser humano y fue plasmada por Dalai Lama en la gran frase: Lo que más me sorprende del hombre occidental es que pierde la salud para ganar dinero, después pierde el dinero para recuperar la salud. Y por pensar ansiosamente en el futuro no disfrutan el presente, por lo que no viven ni en el presente ni en el futuro. Y viven como si no tuviesen que morir nunca, y mueren como si nunca hubieran vivido. 

… Viven como si no tuviesen que morir nunca, y mueren como si nunca hubieran vivido…

Dentro del conjunto de mis rituales, se encuentra uno particularmente enriquecedor. Es cierto que, en mi caso, el tiempo no es un bien abundante, pero cuando tengo cinco minutos y ganas de caminar, aprovecho para ir a la biblioteca que más cerca tenga, coger un libro aleatorio, abrirlo por una página aleatoria y leer un fragmento. Luego, cierro el libro, lo dejo en su sitio y me voy. Y, con la mente en blanco, aprovecho para que el contenido que he leído madure en mi cabeza y tome la forma más o menos definida de una idea. Pues bien, hará ya un tiempo cuando cayó en mis manos una antología del poeta estadounidense Walt Whitman. Lo cierto es que no abrí el libro por la página del poema que he reproducido al principio de este texto, pero no pude reprimirme y consulté el índice del libro. Al ver “When I heard the learn’d astronomer”, me recordó un álbum ilustrado que de niño había leído. Efectivamente, el poema era el mismo que el que había leído más de siete años atrás. Y me hizo reflexionar mucho.

El astrónomo

 Ya lo comenté en la Parte I, el actual sistema educativo no es más que una gran competición. Se inculca el aprendizaje compulsivo y no la interiorización de valores reales o de cooperación. Y esto tiene unas consecuencias nefastas: esta actitud de ver al compañero como un adversario y no como un colaborador no potencia, como se presume, el espíritu de auto-superación sino que, bajo mi punto de vista, aumenta la agresividad, la desconfianza y, esto es, la seguridad y integridad del estudiante. Es verdaderamente una tragedia. Porque esta competición, la ansia por ganar, ciega a cualquiera. Mediante este estado de búsqueda del falso triunfo, la capacidad analítica y crítica del/la joven estudiante se corrompen. Y se llega a un punto de automatización. “No me importa por lo que lucho sino ganar la batalla“. Ya nadie se preocupa por la ética de sus acciones.

Me preocupa mucho ver como se despilfarra escandalosamente cantidades industriales de talento en los colegios… Personas que podrían crear, descubrir, ayudar… Y que en vez de ésto, se preocupan a memorizar (sin cuestionarse el motivo que les impulsa a hacerlo) lo que pone en un libro de texto (del cual no conocen ni su autor ni su credibilidad) para vomitarlo en un examen y, acto seguido, olvidarse. Porque claro está, más importante tener un diez en biología que tener interés por la biología… Y quien dice biología dice cualquier disciplina. Hoy ya no se va a la escuela a obtener conocimiento (si es que en algún tiempo se ha ido a hacerlo) sino a aprender a acatar normas. Forzar tu propio límite de aguante de presión, y perder la individualidad que hace posible una futura mejora colectiva. Y, sinceramente, creo que este es la última oportunidad que tenemos para cambiar nuestra mentalidad. Siempre nos queda la posibilidad, claro está, de seguir en el camino en el que estamos y ser un estudiante, trabajador, y jubilado más que duerme poco, coge muchos trenes y no puede pensar.

De todos modos, creo que tenemos que dejar de dividir y sumar; asumir nuestra ignorancia y, en el húmedo y místico aire de la noche, de vez en cuando, mirar en perfecto silencio las estrellas. 

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