Los avestruces no esconden la cabeza (Parte III)

Originally posted on: bit.ly/1wOcmYw

Here’s to the crazy ones. The misfits. The rebels. The troublemakers. The round pegs in the square holes. The ones who see things differently. They’re not fond of rules. And they have no respect for the status quo. You can quote them, disagree with them, glorify or vilify them. About the only thing you can’t do is ignore them. Because they change things. They push the human race forward. And while some may see them as the crazy ones, we see genius. Because the people who are crazy enough to think they can change the world, are the ones who doApple Inc. ad campaign Esto es para los locos. Los inadaptados, los rebeldes, los problemáticos, los alborotadores. Las clavijas redondas en agujeros cuadrados. Ellos no tienen apego a las reglas. Tampoco tienen respeto por el “status quo”. Puedes citarlos, discrepar de ellos, ensalzarlos o vilipendiarlos. Pero la única cosa que no puedes hacer es ignorarlos… Porque ellos cambian las cosas. Ellos empujan hacia adelante la raza humana y, aunque algunos puedan verlos como locos, nosotros vemos genios. Porque las personas que están lo bastante locas como para creer que pueden cambiar el mundo, son las que lo hacenCampaña publicitaria de Apple Inc. 

Cuando  decidimos crear el blog y recayó sobre mí la responsabilidad de escribir periódicamente (tengo que decir que he intentado ser lo más fiel al calendario posible aunque no siempre lo he conseguido), enseguida me vino a la cabeza que, ya que mis publicaciones tenían que ser regulares, el contenido de mis posts podía ser, si no regular, más o menos coherente. Seguir un hilo argumental. Así es como empecé la serie (Los avestruces no esconden la cabeza). Y, mirando atrás, me doy cuenta de que la única similitud entre la Parte I y la Parte II es el título. Y también observé que el título y el contenido no establecían ningún tipo de relación (apreciable a simple vista, al menos). En fin, a pesar de todo lo dicho, lo cierto es que (más o menos) seguí el esquema mental que me propuse el día en que escribí la primera letra de Los Avestruces no esconden la cabeza, parte ILo que el esquema decía, traduciéndolo del lenguaje de mi mente al castellano racional, era que los posts de la serie expondrían, del modo más sintético (pero sincero) posible, mi opinión sobre el actual sistema educativo y sobre como éste trata el talento y la obedienciaY también decía que en el último post de la serie, explicaría (bueno, intentaría explicar) el porqué del título. Empieza el 2015, cerramos año y empezamos etapa. Y un buen amigo me pregunta qué significa Los avestruces no esconden la cabeza. Y es cuando me doy cuenta de que no hay mejor momento que ahora para cerrar la serie y comenzar con una nueva.

“Cuando un avestruz se encuentra en peligro porque un depredador lo está amenazando, éste esconde la cabeza bajo tierra como mecanismo primitivo de defensa, ya que el ave cree que si él no ve al depredador, el depredador no lo ve a él.” Esto no es más que una afirmación falsa.

Así es como empecé. Lo que quería decir con esto es que, como dijo el tristemente famoso J. Goebbels: una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. La imagen del avestruz escondiendo la cabeza es el icono, el sello identificador del animal (bueno… si te parece tan raro como a mí ahora, te gustará saber que tenía muy reciente una película de los Hermanos Marx donde aparecía un avestruz escondiendo la cabeza). Y del mismo modo que se identifica al avestruz con una mentira, creo que al talento y a la creatividad le pasa lo mismo. Vivimos en la sociedad de la información, donde, usando los medios adecuados, la propagación de buenas ideas y buenos proyectos es muy fácil. Lo que pasa es que no creo que ese talento y esa creatividad se potencien correctamente. De hecho, ni correcta ni incorrectamente, no se potencia directamente. Y esta falta de motivación, esta manera de ignorar la capacidad creadora del estudiante y del individuo en general hace que la confianza hacia uno mismo y sus ideales, la innovación, la iniciativa y un sinfín de cualidades se pierdan. Creo que no somos conscientes del poder de cambio que tenemos. Del mismo modo que con el avestruz, la imagen que tenemos de nosotros mismos como miembros de la sociedad es errónea. Debido a la gran masificación de nuestro sistema, la gente tiende a crearse un concepto de sí-mismo como un ser pasivo, una insignificante célula más de un gran organismo. Y en cierto modo, somos una célula en un gran organismo. Pero esta en nuestras manos si el adjetivo insignificante se adecua con nuestra definición o no. Podemos seguir la corriente o luchar para mejorar el funcionamiento de lo que nos condiciona. Y luchar no significa quejarse, ni negarse. Significa colaborar y cooperar en pos de una optimización positiva. Y supongo que, de este espíritu nació MindingMinds, un proyecto de muchos que hacen que la gente se de cuenta de que los avestruces no esconden la cabeza.

Pol R. Vouillamoz

P.S.: Tengo que decir varias cosas antes de acabar. La primera es que este post ha sido influenciado por una banda sonora realmente impresionante de un artista cuyo nombre desconozco. De todos modos me parece feo no mencionarlo, así que aquí os dejo el link del vídeo: hope.ly/1tA9jDt . La segunda es que en nuestra página de Facebook (click aquí) M. L. Toral inició una conversación sobre mi segundo post. Vimos que es un debate interesante, así que propongo de continuarlo en los comentarios de este post (estamos trabajando en un futuro foro…). La tercera es que si alguien quiere contactarme con privacidad, puede hacerlo enviándome un mensaje aquí (pol.rv@mindingminds.org)

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Los avestruces no esconden la cabeza (parte II)

Originally posted at: http://www.mindingminds.org/opinion/los-avestruces-esconden-la-cabeza-parte-ii/

When I heard the learn’d astronomer;
When the proofs, the figures, were ranged in columns before me;
When I was shown the charts and the diagrams, to add, divide, and measure them;
When I, sitting, heard the astronomer, where he lectured with much applause in the lecture-room, How soon, unaccountable, I became tired and sick; Till rising and gliding out, I wander’d off by myself,
In the mystical moist night-air, and from time to time, Look’d up in perfect silence at the stars.

Walt Whitman

Cuando oí al docto astrónomo,
Cuando me presentaron en columnas las pruebas, los guarismos, Cuando me señalaron los mapas y los diagramas, para medir, para dividir y sumar,
Cuando desde mi asiento oí al docto astrónomo que disertaba con mucho aplauso en la cátedra,
Qué pronto me sentí inexplicablemente aturdido y hastiado,
Hasta que escurriéndome afuera me alejé solo
En el húmedo místico aire de la noche, y, de vez en cuando,
Miraba, en perfecto silencio, las estrellas.

Tres semanas sin publicar nada… Tres semanas llenas de exámenes, conferencias, reuniones, proyectos… Tres semanas de dormir 4 horas para coger 3 trenes para trabajar 14 horas para trabajar 3 horas -en casa y como extra- para dormir 4 horas… Y así hasta que uno se jubila y puede hacer de canguro de sus nietos mientras su hijo duerme 4 horas para coger 3 trenes etc. Pero bueno, si uno quiere conseguir títulos es el precio que debe pagar… Porque claro está, más mérito tiene el que más diplomas tiene colgados en su despacho que no el que más sabiduría (que no conocimiento) tiene en su cabeza… Esta idea no es mía, de hecho habita en una parte del cerebro de todo ser humano y fue plasmada por Dalai Lama en la gran frase: Lo que más me sorprende del hombre occidental es que pierde la salud para ganar dinero, después pierde el dinero para recuperar la salud. Y por pensar ansiosamente en el futuro no disfrutan el presente, por lo que no viven ni en el presente ni en el futuro. Y viven como si no tuviesen que morir nunca, y mueren como si nunca hubieran vivido. 

… Viven como si no tuviesen que morir nunca, y mueren como si nunca hubieran vivido…

Dentro del conjunto de mis rituales, se encuentra uno particularmente enriquecedor. Es cierto que, en mi caso, el tiempo no es un bien abundante, pero cuando tengo cinco minutos y ganas de caminar, aprovecho para ir a la biblioteca que más cerca tenga, coger un libro aleatorio, abrirlo por una página aleatoria y leer un fragmento. Luego, cierro el libro, lo dejo en su sitio y me voy. Y, con la mente en blanco, aprovecho para que el contenido que he leído madure en mi cabeza y tome la forma más o menos definida de una idea. Pues bien, hará ya un tiempo cuando cayó en mis manos una antología del poeta estadounidense Walt Whitman. Lo cierto es que no abrí el libro por la página del poema que he reproducido al principio de este texto, pero no pude reprimirme y consulté el índice del libro. Al ver “When I heard the learn’d astronomer”, me recordó un álbum ilustrado que de niño había leído. Efectivamente, el poema era el mismo que el que había leído más de siete años atrás. Y me hizo reflexionar mucho.

El astrónomo

 Ya lo comenté en la Parte I, el actual sistema educativo no es más que una gran competición. Se inculca el aprendizaje compulsivo y no la interiorización de valores reales o de cooperación. Y esto tiene unas consecuencias nefastas: esta actitud de ver al compañero como un adversario y no como un colaborador no potencia, como se presume, el espíritu de auto-superación sino que, bajo mi punto de vista, aumenta la agresividad, la desconfianza y, esto es, la seguridad y integridad del estudiante. Es verdaderamente una tragedia. Porque esta competición, la ansia por ganar, ciega a cualquiera. Mediante este estado de búsqueda del falso triunfo, la capacidad analítica y crítica del/la joven estudiante se corrompen. Y se llega a un punto de automatización. “No me importa por lo que lucho sino ganar la batalla“. Ya nadie se preocupa por la ética de sus acciones.

Me preocupa mucho ver como se despilfarra escandalosamente cantidades industriales de talento en los colegios… Personas que podrían crear, descubrir, ayudar… Y que en vez de ésto, se preocupan a memorizar (sin cuestionarse el motivo que les impulsa a hacerlo) lo que pone en un libro de texto (del cual no conocen ni su autor ni su credibilidad) para vomitarlo en un examen y, acto seguido, olvidarse. Porque claro está, más importante tener un diez en biología que tener interés por la biología… Y quien dice biología dice cualquier disciplina. Hoy ya no se va a la escuela a obtener conocimiento (si es que en algún tiempo se ha ido a hacerlo) sino a aprender a acatar normas. Forzar tu propio límite de aguante de presión, y perder la individualidad que hace posible una futura mejora colectiva. Y, sinceramente, creo que este es la última oportunidad que tenemos para cambiar nuestra mentalidad. Siempre nos queda la posibilidad, claro está, de seguir en el camino en el que estamos y ser un estudiante, trabajador, y jubilado más que duerme poco, coge muchos trenes y no puede pensar.

De todos modos, creo que tenemos que dejar de dividir y sumar; asumir nuestra ignorancia y, en el húmedo y místico aire de la noche, de vez en cuando, mirar en perfecto silencio las estrellas. 

Los avestruces no esconden la cabeza (parte I)

Originally posted at: http://www.mindingminds.org/opinion/los-avestruces-esconden-la-cabeza/

“Cuando un avestruz se encuentra en peligro porque un depredador lo está amenazando, éste esconde la cabeza bajo tierra como mecanismo primitivo de defensa, ya que el ave cree que si él no ve al depredador, el depredador no lo ve a él.”Esto no es más que una afirmación falsa. Lo cierto es que, en una situación de peligro, el avestruz baja la cabeza a nivel del suelo para menguar su altura, pero jamás la entierra para auto-engañarse.

Este año estoy empezando muchos proyectos y continuando otros tantos. Esto me ha hecho cambiar. He dejado de afrontar las situaciones a medida que iban apareciendo y, ahora, soy cada vez más capaz de prever lo que sucederá y poder planificar mis tareas al largo del día. En el mundo emprendedor las to-do list (las listas de cosas-para-hacer de toda la vida) se usan mucho, y lo cierto es que son extremadamente productivas. Decidiendo implementar este recurso en mi manera de funcionar, uno de los puntos que establecí fue el de ver un vídeo aleatorio de la plataforma TED cada día (hábito recomendable). Hace tres días vi una conferencia completamente conmovedora: How autism freed me to be myself de Rosie King (podéis ver el vídeo dando clic encima del título o aquí); que posteriormente decidí convertir en el esqueleto de mi entrada de esta semana (la de Lang Lang fue un extra…).

La semana pasada hablé de sinestesia, de música, de arte, pero -y sobretodo- también de mi opinión al respecto de la evolución del proceso de aprendizaje del hombre del siglo XXI. Expuse lo más brevemente que pude (soy consciente que tengo que entrenar mi capacidad de síntesis) como hemos ido olvidando el punto de partida común del conocimiento humano a medida que este ha ido creciendo. Y este fenómeno, en mi opinión, no afecta solamente al mundo académico, sino que representa una actitud vital en la que el ser humano cada vez se transforma en un ente más auto-suficientemente aislado y, consiguientemente, también adquiere unadiscapacidad progresiva para asociar conceptos provenientes de distintas fuentes, ya que cada vez uno está más acostumbrado a actuar según su propia filosofía sin tener en cuenta las demás 8000 millones de filosofías que, aún que no lo parezca, conviven y existen.

Así pues, la fría ultra-clasificación que rige el funcionamiento de nuestra sociedad es absolutamente nociva (insisto, bajo mi punto de vista). Porque como dije en mi anterior post esta ultra-clasificación no está calculada ni estudiada. No hay un objetivo al que deseemos llegar, esta constante división no es un medio más o menos cruel para llegar a un fin de felicidad, de sabiduría o de nada que nos genere satisfacción y nos justifique el proceso; esta necesidad de clasificar tiene un origen compulsivo y potenciado desde la edad en que nuestro cerebro se puede manipular.

El fractal de la manipulación

De todos modos, lo que vengo a comentar esta semana es solo el principio, el primer engranaje de nuestro sistema que falla considerablemente. Como he dicho, se nos está acentuando la necesidad de clasificar todo lo que nos rodea. Pero no solo eso. Nos vemos influenciados por miles de estímulos exteriores a desear y luchar para poder ser el modelo de una de las clases grupos sociales que nuestra mente crea. Se nos hace aprender miles de conceptos, millones de fechas, nombres y fórmulas. Cuando una persona es capaz de recordar un número considerable de conceptos, entonces se le otorga el privilegio de la condición de “persona de éxito”. Sin embargo, ¿quién se preocupa de enseñar cómo aprender? ¿De qué nos sirve absorber conocimiento de una manera lineal si no somos capaces de captar el pensamiento crítico, la esencia de lo que estudiamos? Lo que más me preocupa es el estado de retroalimentación masiva en el que el actual sistema educativo se encuentra. Han habido numerosas reivindicaciones al respecto, pero ninguna ha dado los frutos que se necesita para realmente innovar.

¿Quién se preocupa de enseñar cómo aprender? ¿De qué sirve absorber conocimiento sin contemplar el pensamiento crítico implícito?

Prejuicios. Desde pequeños se nos ha enseñado que, como buenos ciudadanos, debemos respetar, debemos tener modales y educación, y no debemos prejuzgar a nadie ni a nada. Esta máxima se repite varias veces a lo largo del proceso educativo actual… Pero, ¿no es el sistema educativo en si un gran prejuicio, una gran competición donde se premia la obediencia y no el talento? No solo se premia, sino que se potencia sobremanera. Ante una educación que genera incongruencias y por consiguiente inseguridades desde la inmersión del niño o la niña en el sistema, ¿cómo actuamos?