They are so good, and that actually makes me nervous…

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No! This scale must be much more expressive, like *piripiripiripiri-PAM!* (the student looks at the master with an almost scary gaze. Then, she tries to imitate what he whistled) Yeah! Exactly, that’s it! (She repeats the scale as expressively as she can) Perfect! Now, the final chord. It must be like *pa-PAM!* (The Steinway piano tries to” pa-PAMize” the sound as well as his old wood resonance box allows him to do so). Almost… But it has to be much more like *pa-PAAAAAM!*. It’s explosive stuff, you know? (The student follows the master’s instructions). Yeah! That’s it! You got it! *The audience goes crazy and begins to clap* Lang Lang comment on Beethoven’s “Sonata op. 31 N. 2

No! Esta escala tiene que ser mucho más expresiva, como *piripiripiripiri-PAM!* (la estudiante se gira hacia el maestro con una mirada casi de terror. Sin embargo, trata de imitar lo que él ha silbado). Sí! Exactamente, eso es! (Lo vuelve a repetir, tan expresivamente como puede). Perfecto! Ahora, el acorde final. Tiene que ser como *pa-PAM!* (El piano Stenway intenta “pa-PAMizar” el sonido, haciéndolo lo mejor que su antigua madera le permite). Casi… Pero tiene que ser mucho más *pa-PAAAAAM!*. Es explosivo, sabes? (La estudiante sigue las instrucciones del maestro). Sí! Eso es! Ya lo tienes! *El público se vuelve loco y empieza a aplaudir*

El pasado sábado 15 de noviembre algunos afortunados estudiantes de Grado Profesional en diferentes conservatorios catalanes pudimos asistir a una magnífica masterclass impartida por el referente de la música clásica oriental (y de hecho, mundial): el pianista chino Lang Lang. En el Auditori de Barcelona, y durante 4 horas y media, pude evidenciar el crecimiento exponencial del talento: cuanta más motivación, más éxito. Y es que ya lo dijo Leszek Lukas Barwinski, director ejecutivo de la Fundación Lang Lang y presentador de la masterclass: si a partir de la interpretación pianística intentas imaginarte al intérprete, te imaginas una persona de setenta u ochenta años que ha pasado por cinco divorcios y miles de experiencias; sin embargo, abres los ojos y te encuentras con un chico de diez años cuyos dedos van más rápidos que la velocidad de sorpresa del público –que no fue poca-.

Si os soy sincero, no sé como estructurar esta entrada. Esta desorientación es fruto de no poder tomar notas adecuadamente, o lo que es lo mismo: me vi completamente desorientado (estaba experimentando una potente iluminación musical) por  la ligera-pero-presente incredulidad (creerme, no es demasiado habitual ver a una niña de doce años tocar el “Vuelo del Abejorro“, de Rachmaninoff)  , de la hiperactividad del pianista y de mi mala caligrafía(algún día voy a colgar una foto en Seeds&Sprouts de mis cuadernos… Prefiero, sin embargo, crearme una buena reputación entre los lectores antes de enseñaros mis… “¿obras de arte?”).

En fin, para comentar y, sobretodo, intentar resumir la esencia de lo que Lang Lang dijo, me gustaría citar una gran frase del músico Ludwig van Beethoven:

“Don’t only practice your art, but force your way into its secrets, for it and knowledge can raise men to the divine.” (No te limites a practicar un arte, adéntrate en sus secretos. De este modo, el conocimiento puede elevar al ser  humano hacia el Divino/lo divino/la divinidad…)

Y esto es exactamente la impresión que me llevé de la masterclass. It’s like you are drawing a picture, le decía a un joven estudiante chino de solo 10 años… Esta frase me gustó en particular. No sé si lo que Lang Lang dijo y lo que yo interpreté es el mismo concepto, refiriéndose a la obra Luna de otoño reflejada en un lagopero mientras el niño acariciaba las teclas, en mi mente se iba formando una imagen, el sonido adquiría una cierta tridimensionalidad… A medida que la obra avanzaba, prestaba más atención al juego de luces que se producía en mi mente que no a la maestría técnica del músico (que se encontraba en un nivel harto inalcanzable para la mayoría de pianistas). Y luego, comparó la obra interpretada con las antiguas acuarelas chinas… En aquel momento sentí aún más admiración por el joven, había sabido transmitir a la perfección lo que la pieza representaba…

Chinese Watercolor It’s like you are drawing a picture… An ancient chinese watercolor

Otro comentario que me gustó mucho fue refiriéndose a la obra Fireworks“ de Debussy. (Se recomienda oír la pieza antes de seguir leyendo, podéis escucharla dando clic en la palabra Fireworks).  Lang Lang describió perfectamente el paralelismo que hay entre el encendido de los fuegos de artificio con la estructura de la pieza. Al principio, asoció el primer grupo de notas, distante, discreto, con la quema de la mecha. No te tienes que mover,  -le decía a la chica que tocaba- tan solo observa como tus dedos interpretan la pieza por ti. Con esto, quería decir que el intérprete tiene que saber plasmar la tensión que hay al encender un petardo sin saber del cierto cual es su efecto. Y de hecho, esto se prolonga hasta que el fuego de artificio alcanza su punto máximo de explosión, o lo que es lo mismo, la parte más vigorosa de la pieza.

Este esquema se repite en casi todas las obras de Debussy, y para ilustrarlo, Lang Lang dijo que la música de Debussy es como si un castillo emergiera des del fondo de un lagodonde el castillo es la esencia de la pieza, la melodía sobre la que la armonía se basa; y el castillo fuese la armonía implícita a la melodia, la cantidad de agua que la emergente construcción mueve y la energía que se desprende de este acto…

En fin, como podréis comprobar, es muy difícil expresar con palabras hasta los rasgos más superficiales de una interpretación musical, y aún más intentar resumirlos en un post… Sin embargo, la fusión entre la música y la literatura es un terreno poco explorado -poco divulgado por lo menos- que merece más atención y dedicación de la que se le da… ¡Al menos desde mi punto de vista!

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Oyendo el color, viendo la música…

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Un hombre. Delante de él un Sorolla. Y una pared blanca. Contempla el cuadro. Pero no se fija en los detalles, no imagina la identidad de cada uno de los personajes representados. No le interesa la esencia de las bruscas pinceladas. Su atención se centra en algo que, a su juicio, es mucho más interesante: el contraste del dorado del marco con la pared. Se concentra. Siente las sombras proyectadas. Es consciente de cada uno de los grises de la gama que el yeso, bajo el sofocante calor de los focos, expira. Y la sinfonía empieza. El cuadro se difumina, de él apareciendo sólo los colores principales. Rojo. Do mayor. En su cabeza, una orquesta de un millón de perfectos instrumentos interpreta el cuadro. Todo empieza con una roja vibración… Desde el interior de la Tierra, nota como le llegan las voces de miles de violines, que construyen un pedestal de luz para recibir a una áurea y explosiva melodía, que emana destellos de luz verde, amarilla y otros muchas que su atención no es capaz de captar. El pulso del hombre se acelera, está completamente inmerso. Una gota de sudor baja a través de su brazo, proporcionándole un contraste de sensaciones que hacen la experiencia aún más intensa: un líquido frío punzante se desliza sobre el árido calor de un ambiente sobrecargado de miles de tensas respiraciones.  A cada tono de color que descubre, un nuevo instrumento interpreta una melodía acorde con las formas que el pintor dio a su cuadro… Poco a poco, es consciente de todo el contenido del cuadro, se inmiscuye en los secretos de la pintura… Y cierra los ojos. Y el mundo calla.

La sinestesia es un fenómeno no demasiado frecuente y aún menos conocido. Si se tuviese que explicar en pocas palabras, la sinestesia es una característica cognitiva que hace que el sinestésico o la sinestésica asocien, de forma involuntaria, estímulos de un sentido con reacciones de otro. Por ejemplo, en el texto superior, el hombre asociaba las notas musicales con diferentes tipos de color. Y, de hecho, este tipo de sinestesia es el más usual (esto es, una gran mayoría dentro de una pequeña minoría): Vasili Kandinsky, gran pintor de estilo abstracto, basaba la composición pictórica de sus cuadros en canciones y melodías.

Composición VIII

Un dato curioso sobre Kandinsky: una vez se inauguró una exposición suya en un museo y los técnicos, por error, colocaron uno de sus cuadros al revés. Debido a que la obra de Kandinsky no tiene un punto de referencia demasiado definido, nadie reparó en el error hasta que el pintor decidió visitar la exposición. Cuando vio el cuadro, la melodía que le inspiraba era tan desconocida para él que llegó a afirmar que el cuadro no era suyo… Por suerte, antes de que lo retirasen, Vasili se dio cuenta y pidió a los técnicos del museo que colocasen el cuadro correctamente…

 

 

No obstante, este es solo uno de los muchos tipos diferentes de sinestesia que existen: por ejemplo, hay gente que asocia los gustos con números, las letras con colores, las palabras con latitudes… (Por ejemplo, Lunes podría asociarse con el Norte, el sabor del vino con el número 6, la letra O con el color azul…).

No hay una explicación científica específica para este fenómeno, todo y que todos los datos apuntan a que la sinestesia es una reducción  de la inhibición de los sistemas de retroalimentación sensorial (o lo que es lo mismo: el cerebro recibe cinco tipos diferentes de estímulos: a) visuales, b) auditivos, c) gustativos, d) táctiles y e) olfativos. Cuando se recibe un estímulo a (visual), lo normal en el funcionamiento del cerebro es que reduzca la actividad en las áreas que controlan  b, c, d y e para poder concentrarse bien en el estímulo a. El sinestésico, en cambio, no reduce la actividad en alguna o ninguna de las áreas, por lo que el estímulo visual también tiene efecto en otros sentidos (en el auditivo, por ejemplo, como el hombre del texto)).

 

Así pues, la sinestesia no es más que unir los cinco tipos diferentes de estímulos en un “Estímulo Mayor”, formado por la fusión de esos cinco “estímulos menores”. O lo que es lo mismo, reagrupar toda la información que el cuerpo humano es capaz de captar (conscientemente) en un conocimiento único. No es más que un bello paralelismo entre el arte y la educación. Del mismo modo que un no-sinestésico no es capaz de captar toda la grandeza de una obra de Kandinsky; un estudiante (entiéndase como aprendedor) que contempla todo el conocimiento bajo la perspectiva de una sola disciplina, no es capaz de comprender la totalidad del conocimiento que está intentando alcanzar. Porque, de hecho, cualquier clase de búsqueda de conocimiento global, des de la comprensión del mecanismo de Higgs al análisis completo de las obras de Julio Cortázar, nace de una sola pregunta, de la única inquietud que nos genera no saber quiénes somos ni qué nos rodea. Así pues, el conocimiento tiene un origen único, una sola base sobre la que se ha ido apoyando para crecer: ¿Qué sentido tiene nuestra existencia? A partir de aquí, los Antiguos creyeron que el conocimiento nos daría la respuesta. Pero, a medida que han ido pasando los siglos, el hombre se ha preocupado tanto en hacer crecer –casi compulsivamente- el castillo del conocimiento que ha olvidado por completo los orígenes, los cimientos sobre los cuales está construyendo su megalítica obra.

A medida que han ido pasando los siglos, el hombre se ha preocupado tanto en hacer crecer –casi compulsivamente- el castillo del conocimiento que ha olvidado por completo los orígenes, los cimientos sobre los cuales está construyendo su megalítica obra.

Estamos tan ocupados en dividir, en especificar, que hemos llegado a un punto en que las diferentes disciplinas del conocimiento humano se han vuelto completamente inconexas. Y, volviendo a la sinestesia, lo mismo nos pasa con los sentidos: cuando vemos algo, estamos tan ocupados en centrar la atención a lo que vemos, despreciamos tan cruelmente a los otros sentidos, que no les damos la posibilidad de aportarnos una respuesta a un estímulo que, aunque reciben, nosotros obviamos. ¿Es este el camino que queremos tomar? ¿Deshumanizamos el conocimiento para llegar al infinito (o a varios infinitos) o nos volvemos hacia atrás y nos damos cuenta del común origen metafísico que tiene todo lo que hemos construido desde que el hombre es capaz de razonar?

¡Ah, por cierto! Mi nombre es Pol y esta es mi primera entrada. Si quieres contactar conmigo no lo dudes: pol.rv@mindingminds.org